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El recurso clave para escribir ficción

El recurso clave para escribir ficción

Te confieso un error que cometía cuando planificaba mis novelas.

No le prestaba la debida atención a la voz narrativa. Siempre me figuraba que solo debía elegir entre primera persona y tercera porque era lo más común y evidente.

La elección era rápida y sin calentamientos de cabeza. O esto o lo otro. No hay más. Con el paso del tiempo he caído en la cuenta de que subestimar este paso es no saber con exactitud lo que significa ser escritor.

La elección de la voz narrativa es vital porque se trata de elegir un punto de vista sobre la historia. Y en cada historia los puntos de vista pueden ser variados dando lugar a historias diferentes. Incluso el estilo narrativo también se ve afectado.

De ahí la importancia de elegir con criterio la voz narrativa.

Como escritor se debe encontrar una razón de peso para usar una primera persona o una tercera persona omnisciente subjetiva, por ejemplo.

No basta porque el escritor que tanto admiramos la usa en sus novelas. Muchos escritores experimentan antes de elegir la voz definitiva. Escriben con una determinada voz y en cuanto les empieza a chirriar se detienen y prueban con otra.

En su manual «Cómo se escribe una novela», Héctor García Quiroga, lo dice muy claro: “No se debe tomar a la ligera su elección: de ésta dependerá la verosimilitud de una historia, la honestidad con que se cuenta, el grado de consciencia del narrador, el leguaje que se utiliza y hasta la relación que se establece con el lector”.

Para tu próxima novela detente a explorar más opciones. Puede que lo tengas claro, pero aún así merece la pena reflexionar por qué se elige esa voz y no otra.

Puede servirte de guía esta clasificación de Mario Vargas Llosa. Para el escritor peruano toda decisión sobre el narrador se ha de basar en tres decisiones. El punto de vista espacial, el punto de vista temporal y el punto de vista de la realidad. En este artículo hablaremos sobre el primer punto.

Punto de vista espacial

¿Dónde se ubica el narrador? ¿Es un narrador que a su vez es un personaje de la historia, protagonista o secundario?

¿O es un narrador dios que todo lo ve y escucha? ¿O es personaje que cuenta una historia que le contaron a él? (Por ejemplo: El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad).

Existen estas opciones:

1. Narrador omnisciente

El más usado a lo largo de los tiempos. El narrador se sitúa fuera del espacio de la historia, como un ente en el cielo que todo lo ve y oye. Posee la facultad de saber lo que hacen y piensan todos los personajes. Además, sabe el pasado, el presente y el futuro de todos y cada uno de ellos. Incluso lo que recuerdan y lo que no recuerdan…

El uso del pasado y del presente en una narración parece más lógico porque estamos habituado al contar historias de manera oral. Pero el uso del futuro no está tan extendido en las narraciones.Pongo un libro a modo de ejemplo porque merece la pena leerlo para conocer el alcance de un narrador que cuenta, el pasado, el presente y el futuro, y lo combina.

«No llames a casa» de Carlos Zanón. «No es la primera vez que vuelve. Dejó de hacerlo cuando su mujer le pidió una orden de alejamiento. Tenía que cambiar de coche y, cuando lo hizo, se sintió seguro y reanudó sus visitas. […] Ahora marcará el teléfono de su hija mayor. La cría lo cogerá y tratará de ser amable con su padre mientras chatea […]”.

Este estilo de narrador viene bien si se quiere sacar partido a una historia que quizá no dé mucho de sí, pero que nos interesa por alguna razón. Es como si el narrador fuera un centrocampista de un equipo de fútbol que reparte “juego” entre los personajes. Además, en alguna ocasión, sin abusar, hasta puede juzgarlos o ser ambiguo.

2. Narrador omnisciente limitado

Como el loro que se apoya en el hombro del pirata, así es este tipo de narrador. Conoce los pensamientos pero solo del personaje que sigue.La historia la filtra a través de sus ojos e ideas. No puede acceder al resto de personajes salvo lo que ellos digan o actúen. El efecto que se logra es una excelente identificación del lector con el protagonista. Casi como si se escribiera en primera persona.

A día de hoy es una de las técnicas más usadas. En la novela «La isla de las últimas voces» de Mikel Santiago, el autor escoge un punto de vista para cada capítulo. El protagonista, Dave, está escrito en primera persona.

Carmen está escrito en omnisciente limitada. En las conversaciones entre más personajes solo conocemos sus pensamientos. «—Quizás había comenzado a desenamorarme de Jane muchísimo antes de conocerte, pero tú me has hecho darme cuenta, Carmen. Porque he comenzado a sentir algo por ti. Eso es lo que he venido a decirte. Eso es todo. 


Después de aquello se hizo un silencio. Carmen se volvió y apoyó el codo en el asiento. Le miró mientras los dedos en su cabello. Miró su bonita boca. En realidad, era lo más romántico que le habían dicho en mucho tiempo. ¿Por qué tenía que sentirse casi al borde de la irritación?»

3. Narrador objetivo o deficiente

El narrador no es un dios con acceso a los pensamientos de los personajes, ni tampoco a su pasado o futuro. Su acceso se limita a lo que él mismo puede observar y oír de ellos, sin formar parte de la acción. Como si fuera un personaje más pero sin llegar a serlo completamente. Como dice Héctor García Quintana en “Cómo se escribe una novela”: «Es como un simple testigo que observa fríamente, sin opinar ni tomar parte en el conflicto o la historia». ¿Cuál es la ventaja de este clase de narrador?

La historia gana en verosimilitud y la relación con el lector es más estrecha. A modo de ejemplo, he encontrado por internet un cuento que se ajusta a esta técnica. Y otro de Cortázar, muy célebre, llamado «La salud de los enfermos». Haz clic en los enlaces de color azul para acceder a ellos.

4. Narrador protagonista

Una de las más usadas. El narrador es el eje del conflicto de la historia. Es su historia y, por lo tanto, la conoce de primera mano.Su narración llega directa al lector, que lo convierte en su cómplice.

La inmediatez, el acceso a los pensamientos y las emociones se transmiten de una manera mucho más efectiva y dramática.

Tomo este fragmento de «El miedo» de Gabriel Chevallier. «Durante una larga hora siento un escozor a fuego lento. 
Algunos días, en los que me veo a punto de flaquear, me rebelo. Camuflo mis gritos con palabras agresivas. Y no me faltan ganas de abofetear a la serena enfermera: ¡una mujer que me hace sufrir!».

5. Narrador periférico o secundario 

Relata los acontecimientos en primera persona. Sin embargo, narra los acontecimientos de otra persona. Por ejemplo: el Dr. Watson relatando las aventuras de Sherlock Holmes.

6. Narrador ambiguo

Escribe usando la segunda persona del singular, tú. O la segunda del plural, vosotros. Puede ser un personaje de la historia. O situarse fuera de ella.

Es quizá el más flexible de los narradores. Su posición puede ser la de un narrador que se hable a sí mismo. Y, al mismo tiempo, la de un narrador omnisciente.

Por ejemplo, «Aura» de Carlos Fuentes: Recoges tu portafolio y dejas la propina. Piensas que otro historiador joven, en condiciones semejantes a las tuyas, ya ha leído ese mismo aviso, tornado la delantera, ocupado el puesto. Tratas de olvidar mientras caminas a la esquina.

En conclusión, aunque hoy en día se prefieran la primera persona o la tercera omnisciente limitado, es fundamental para cualquier aspirante a escritor conocer todas las voces narrativas.

Es más, si a la hora de diseñar una historia se tiene las más mínima duda de cuál es la mejor voz, sugiero que practiques con ellas hasta dar con la adecuada. Es un trabajo arduo pero merecerá la pena.

Feliz escritura.

Galería de villanos: el Traidor

Galería de villanos: el Traidor

Seguimos con la galería de villanos para que tires de ellos cuando quieras usar uno en tu novela negra. No es necesario que se trate del villano principal, también puedes abordarlo para un personaje secundario. Lo importante es disponer de una base teórica a partir de la cual construir el personaje más idóneo para tu historia.

El traidor se esconde a vista de todos. Es un lobo de piel de cordero que no ves venir hasta que es demasiado tarde. Espera con cautela el momento de actuar, como un escorpión, y puede hasta regodearse pensando en ese instante.

Traiciona a quienes han depositado su confianza en él, ocasionando un profundo dolor y rabia. Para el protagonista es un revés inesperado que se convierte en un obstáculo más a superar en la larga lista de obstáculos que se le presentan a lo largo de la narración.

Por eso, la traición debe llevar al protagonista a uno de los puntos más bajos de la historia, cuanto más dañina sea la traición, es decir, cuanto más grande sea la consecuencia, más efectivo será el golpe para el lector.

El traidor tiene acceso a los secretos más profundos del resto de los personajes. De ahí que sea alguien en el que todos confían. A veces puede tener un papel relevante en la historia, otra veces no, puede que esté siempre en segundo plano. El mejor amigo, el hermano o el mentor. ¿Quién sospecharía de alguien así?

El lector presupone que sus intenciones de ayudar al protagonista son buenas y puras, pero la realidad es bien distinta.

Para que el traidor tenga un digno y consistente peso narrativo, debes conocer bien su motivación. ¿Por qué traiciona? ¿Cuál es el beneficio que obtiene? En ocasiones, si no lo tiene claro, escribe un texto en primera persona contando su relación con los personajes que lo rodean. Asocia ideas y alguna saldrá que merezca la pena.

En ocasiones, el traidor también puede desarrollar un trama de redención. Se percata de su fallo, el remordimiento le devora las entrañas y termina ayudando al protagonista, a veces, entregando su vida a cambio.

Tipos de traidores

1) El traidor forja la amistad sabiendo que la traicionará. El perfil es de un tipo más inteligente y frío. Es un actor que debe interpretar un papel delante del público. Este tipo de traidor sin escrúpulos será el que se glorie de su hazaña delante del protagonista cuando revele su esencia. Engañar a los demás hace que sienta inteligente y poderoso.

Dentro de este estilo, con sus matices, entran las femmes fatales. Ya sea Matti Walker en «Fuego en el cuerpo», o Bridget Gregory en «La última seducción», o la viuda Phyllis Dietrichson, las tres tienden la red para que el protagonista caiga sin remedio en su trampa.

2) La traición surge a raíz de una amistad consolidada. El traidor se ve contra la espada y la pared y traza un plan para obtener un beneficio claro e inmediato. El traidor quiere algo a toda costa que, con tal de conseguirlo, no le importará perder la confianza del protagonista.

En la excelente serie de televisión «Seven Seconds», disponible en Netflix, los traidores son un grupo de policías corruptos a los que no les importaría deshacerse de su compañero, quien les pisa los talones.

La formación de un traidor

¿Qué puede ocasionar que un amigo se convierta en un traidor?

Infancia: El traidor necesita con compulsión ser reconocido o admirado. En el colegio solo cuando lograba destacar por encima de los demás, notaba el cariño de sus padres. Sin embargo, sus méritos se quedaban cortos para conseguir afecto a menudo, así que no le importaban los métodos para conseguir lo que quería.

Un traidor es un villano que disfruta con la idea del éxito sobre aquellos que lo infravaloran o que nota que le tienen lástima.

Miedo y deseo inconsciente: Su mayor miedo es que se descubra sus intenciones antes de que culmine su maquiavélico plan.

No teme las represalias porque ni siquiera las contempla, solo se regodea en el beneficio de su traición. En esa excitante sensación de pasar del último del grupo al primero, el que recibe la atención.

En definitiva, el traidor es una figura que puede aumentar la tensión y la ambigüedad de tu novela. Pero no olvides escarbar sus motivaciones, cuanto más trabajado sea, más memorables será este villano.

¡A escribir!

¿Qué es la idea controladora?

¿Qué es la idea controladora?

¿Alguna vez has pensado en la estructura de la novela negra que estás escribiendo o que piensas en escribir?

Como vimos en el último artículo «Cómo planificar tu novela policíaca», la estructura es la espina dorsal del relato, la que vertebra y da coherencia al viaje del protagonista. Nos ayuda, además, a dosificar la información para que el hallazgo de pistas, cadáveres o giros inesperados se distribuya con armonía, sin amontonarse unos con otros.

En otras palabras, gracias a la estructura el lector asimila el contenido con objeto de darle coherencia.

Pero existe una estructura de la estructura. Es decir, el escritor cuenta con un apoyo extra para que la estructura se ramifique con solidez en los diferentes actos y los actos en capítulos y los capítulos en escenas.

Porque sucede que en nuestro afán por contar acontecimientos corremos el riesgo de que se nos vaya la mano, e incluyamos hilos narrativos que se alejan de la verdadera historia que queremos contar.

Esta herramienta algunos la llaman «tema» y Robert McKee, en su manual «Story», la llama idea controladora. ¿En qué consiste?

Se basa en formular una frase que contenga la esencia de la historia, el mensaje con el que el lector se queda al finalizar la novela y que da unidad y significado a todo lo que ha leído.

Al escritor le sirve para entre todo el magma narrativo, a veces abrumador, encontrar un faro con el que guiarse. Veamos unos ejemplos:

Dentro del género policíaco, como casi siempre se detiene al asesino o criminal, el tema o idea controladora es muy evidente. «La policía siempre detiene al villano» o «nadie puede salirse con la suya impunemente».

La clave es que la frase se asocie al clímax de la novela, en nuestro caso, amantes del género negro, con la detención del asesino.

Sin embargo, imagina que el asesino se escapa, por lo tanto la frase sería algo así como «a veces los criminales ganan a la policía». Ambas frases son opuestas y, por lo tanto, nos dan dos tipos de finales distintos; el primero, optimista; el segundo, pesimista.

Elementos de la idea controladora

Para que la idea controladora sea redonda necesita de algo más.

Hasta ahora hemos visto cómo usábamos un solo elemento para formular la frase: el valor. «La policía siempre detiene al villano» es un valor positivo. «A veces los criminales ganan a la policía» es un valor negativo. ¿Qué falta?

La causa.

En la estupenda novela de Benito Olmo, «La tragedia del girasol», el policía Bianquetti impone su fortaleza física y su instinto suicida hasta encarcelar a los villanos, pero no es un detective tipo Sherlock Holmes que se caracterice por su sagacidad a la hora de hilvanar pistas indescifrables.

Por lo tanto, la idea controladora sería algo así como «La policía siempre detiene al villano porque el protagonista es más temerario que los criminales». Como dice Robert McKee, «La idea controladora es la forma más pura de significado narrativo, del cómo y porqué del cambio, la visión de la vida que los espectadores convierten en parte de sus vidas».

En la famosa novela «El secuestro de Miss Blandish» de James Hadley Chase, una pandilla de criminales rapta a la hija de un millonario a la que drogan para abusar de ella. Un detective violento sacude paliza tras paliza a los sospechosos hasta hallar el paradero de la chica.

La idea controladora sería «Para que la justicia triunfe se necesita romper la ley». Cada escritor ofrece el punto de vista que tiene sobre el funcionamiento del mundo: nihilista, irónico, negativo, positivo, etc.

¿De dónde emerge la idea controladora?

La respuesta es sencilla: de cualquier parte del proceso creativo de la escritura.

A mí me ocurre cuando tengo la primera sinopsis, es ahí cuando a partir del clímax voy «hacia atrás» creando una idea que engloba a toda la historia y que sea consecuente con el final.

No se trata de lograr la idea que yo quiera, si no la que la historia transmita estudiando los acontecimientos del relato.

Recuerda que:

  • Si te apoyas en esta herramienta dispondrás de una clara referencia que te servirá para eliminar tramas irrelevantes que se alejan de lo que quieres contar.
  • Recuerda que la idea controladora puede cambiar a lo largo del proceso de escritura.
Cómo planificar tu novela policíaca

Cómo planificar tu novela policíaca

Los escritores se dividen en dos clases. Los que escriben con mapa o los que se escriben sin él.
Un mapa es una guía donde se desglosa la acción de la novela por capítulos o escenas. Los guionistas lo llaman escaleta.

Pero antes de lanzarse a escribir una escaleta es una buena idea tener un bosquejo de la estructura. Con este artículo mi intención es que todo el mundo que no sepa cómo arrancar su novela que se busque otra excusa para no escribir.:D

1. ELIGE A TU PROTAGONISTA

En la Escuela de Novela Negra somos partidarios de empezar a construir la historia con el villano, pero en las novelas policíacas el protagonista suele ser el detective privado, el policía o el detective aficionado (un tipo corriente de la calle).

Haz una ficha del personaje con los elementos más importantes. Además del físico (piensa en cuál actor famoso encarnaría a tu protagonista y descarga la imagen de internet), también es recomendable describir un secreto (puede o no salir a la luz durante la novela) y todo lo relacionado con su psicología y su profesión.

Describe lo que sea relevante, no es necesario que cuentes la infancia. Una opción es escribir un monólogo en primera persona de un día cualquiera en el trabajo. Piensa que eres un escultor que estás ante un bloque de mármol y que esculpes para lograr una figura humana de carne y hueso.

Importante: toda la información que vuelques sobre la ficha es flexible. Es decir, si se ha de cambiar algo, se cambia. Nada está escrito sobre piedra.

2. ELIGE EL ARCO DEL PROTAGONISTA

La historia ganará en calidad si el protagonista durante la historia aprende algo de sí mismo. No es un requisito imprescindible, pero la empatía que genera en el lector no es para desdeñarla.

El famoso guionista Rafael Azcona dijo una vez que el arco de un tetrapléjico no es que al final de la historia puede caminar sino que al final mueva un dedo. Es decir, si el protagonista es un tipo ambicioso a más no poder al término de la novela no ha de convertirse en alguien conformista.

El cambio ha de ser sutil pero significativo. Imagina que al principio de la historia el protagonista tiene la siguiente creencia: Para ascender en mi trabajo estoy dispuesto a todo. Al final de la historia su nueva creencia puede ser: La ambición es buena, pero no a costa de traicionar a compañeros.

Como dije más arriba, nada está escrito sobre piedra. Siempre se podrá modificar si ves que la creencia final no te convence.

3. ¿ELIGE EL ARCO DEL VILLANO?

En el esquema de las novelas policíacas, por regla general el villano no tiene un arco de transformación. Es un asesino y punto.

Pero no lo descartes. Madúralo. Hay asesinos que empiezan por una muerte fortuita y luego empiezan a matar a diestro y siniestro hasta que ya no hay vuelta atrás.

Por ejemplo: Un plan sencillo, la novela de Scott Smith. La historia empieza con un hombre corriente que empieza a matar por accidente y un crimen le lleva a otro. En este ejemplo el villano es el protagonista de la novela.

Tu novela podría estar contada desde dos puntos de vista: el del policía y el del villano.

4. ELIGE UNA O VARIAS VÍCTIMAS 



Siempre suele ser una mujer. Por eso me lo pienso dos veces antes de recorrer ese camino. Si decides que sea una mujer al menos que exista un buen motivo. Para ello será fundamental la relación que se estable entre el policía, el villano y la víctima.

Busca una relación llena de conflictos entre los tres. La víctima aunque esté muerta puede dar guerra al policía. Al fin y al cabo, su misión es descubrir quién era, si es que no la conocía.

¿Qué relación puede haber entre villano y víctima? ¿Es un crimen causal? ¿Es fortuito? ¿Qué secretos escondía la víctima? Quizá pudo haber sido alguien del pasado del policía.

Otro aspecto importante que debes saber: la reacción que provoca la muerte de la víctima en el policía y en el villano. ¿Para el policía es una muerte más? ¿Por qué el villano la mató? ¿Y por qué con ese método?

5. ESTRUCTURA

La estructura lo es todo a la hora de escribir una historia. Una historia sin estructura es una casa sin cimientos. Se desplomará al mínimo soplido. Cuando estoy en la fase de planificación, yo siempre hago lo mismo: trazo una línea horizontal y marco, de izquierda a derecha, las diferentes etapas de la historia. Importante: la historia ha de ir de menos a más. Imagina una línea ascendente que represente el interés.

La foto de arriba es una captura de la estructura que construí para mi novela, aún pendiente de publicar en Amazon. La estructura final ha cambiado, por eso no me importa colgarla en este artículo. Cada una de las líneas verticales forman un punto importante de la trama. Las líneas más pequeñas son referencias para añadir alguna pequeña sorpresa, discusión, paliza, etc.

Detonante. La acción que hace arrancar la historia. Por ejemplo, en novela negra: la aparición de un cadáver.

Primer punto de giro. La trama apunta a nueva dirección. Se encuentra la primera pista sólida. 

Punto medio. Tiene que ocurrir algo más contundente. Aparece un segundo cadáver. O intentan matar al detective. O aparece el primer sospechoso. Percibe el punto medio como una frontera. Al cruzarla nos encontramos no con otro tipo de historia, pero sí una diferenciada. La historia ya está lanzada, no hay vuelta atrás.

Segundo punto de giro. Puede ser de nuevo un cadáver, pero esta vez debe tratarse de alguien cercano al policía, alguien cuya muerte suponga un impacto. Otra opción puede ser que se revela una información importante. La identidad del asesino. O que se conozca el motivo. O una coartada que parecía sólida, se derrumba y sale a la luz un nuevo sospechoso.

Clímax. El punto de unión con el inicio de la novela. Es el momento que el lector llevaba esperando. La resolución del caso. Se atrapa al asesino.

Final. En novelas de una sola entrega, el final puede reservarse para aclarar algunos puntos de la trama que pueden no estar claros para el lector. Si planeas una segunda parte, es el lugar idóneo para plantar un cliffhunger que de pie a leer la siguiente novela. Por ejemplo: El inicio de un nuevo caso.

EJEMPLOS CON SPOILERS

Para entender mejor la teoría te ofrezco dos novelas de dos maestros del género. He preferido omitir el argumento, y centrarme en la estructura. Lo importante es que te fijes cómo la trama aumenta progresivamente en tensión.

1. «El lado oscuro del adiós» de Michael Connelly. Un caso singular porque en esta novela se tejen dos tramas paralelas. Cada una de ellas tiene su propia estructura. Desglosamos una de ellas.

Detonante: El detective Bosch recibe el caso de un viejo millonario que está a punto de morir. Quiere averiguar el paradero de su hijo para que herede su fortuna, antes de que la reciba los accionistas de su empresa.

Primer punto de giro: Bosch averigua que el hijo está muerto.

Punto medio: El cliente muere asesinado, y uno de sus ayudante despide a Bosch.

Segundo punto de giro: Bosch encuentra a la bisnieta de su cliente.

Clímax: Bosch descubre el asesino de su cliente.

Final: La heredera llama a Bosch porque se siente vigilada. Bosch descubre al jefe de seguridad de su cliente en la calle. Es el único que ha estado siempre al lado de su cliente. Se lo presenta a la heredera como alguien en quien puede confiar.

2. «La verdad de El Caimán» de Massimo Carlotto. El Caimán es un mote que recibe el protagonista de la novela, un ex convicto que se pasó una larga temporada en la cárcel por un delito que no cometió.

Detonante: El Caimán recibe el encargo por parte de una abogada. Quiere que encuentre a su cliente que se escapó de la cárcel cuando solo le quedaban dos meses para salir libre.

Primer punto de giro: El Caimán averigua el domicilio de una amiga del fugado. Cuando accede a su casa descubre el cadáver de la mujer.

Punto medio: El Caimán interroga al forense que participó en el complot que envió al cliente de la abogada a prisión. El forense confiesa que mató a la amiga porque le chantajeaba. Al día siguiente, el forense se suicida.

Segundo punto de giro: El Caimán obtiene la confesión de un enfermero que trabajó en un psiquiátrico. Le sobornaron para que no dijera nada. Atendió al supuesto responsable del asesinato por el que encarcelaron al cliente de la abogada.

Clímax: Caimán se reúne con las personas que urdieron el complot para encarcelar al cliente de la abogada. Tienen cargos relevantes en la vida social y política de la ciudad. Sin embargo, no tiene pruebas legales para probar que fueron ellos.

Final: Caimán envía a un periodista toda la información y grabaciones para que se haga público y destroce las carreras profesionales de los que tejieron el complot.

6. CONCLUSIÓN

La planificación se sitúa entre la idea y la escaleta. Es un paso decisivo para obtener un borrador del esquema sobre el que se sostendrá la trama.

A veces durante la escritura puede variar porque la historia te lo pide, o se te ocurren nuevas y mejores ideas para la trama, pero es bueno saber por dónde van los tiros antes de ponerte a escribir.

De esta manera las posibilidades de bloqueo se reducen. Con el siguiente paso, la escaleta, se trata de rellenar lo que ocurre entre un punto y otro.

Las tres muertes que todo escritor debe saber

Las tres muertes que todo escritor debe saber

En la novela negra la muerte juega un papel fundamental. Sin ella no existiría, ya no solo un cadáver, sino un asesino. Pero no todas las muertes implican un asesinato. En la ficción la muerte también simboliza muchos de los aspectos existenciales del ser humano.

Mas allá del argumento, para que una historia sea interesante debe haber algo en juego que como seres humanos nos dé miedo perder. A veces incluso no nos percatamos de ello pero conectar con una historia es reflejar nuestras emociones en los personajes y en sus peripecias.

Y para que esas emociones nos sacudan por dentro necesitamos que los personajes están frente a un abismo. Por eso vamos a repasar las 3 muertes de la ficción. Al menos una de ellas debe estar en tu historia. También sirve para cualquier otro género.

La muerte física

La más evidente de las tres. El protagonista intenta evitar que alguien lo liquide por el motivo que sea. Por ejemplo, porque sabe una determinada información que no debe salir a la luz. La tensión no proviene de la muerte en sí, sino de la tensión que genera el peligro de que se concrete. Y es que solo hay una salida posible para nuestro protagonista: vivir.

En la novela «Esta noche moriré» de Fernando Marías, el asesino manifiesta su deseo de empujar al suicidio al personaje que lo encarceló. Su plan consiste en arruinarlo profesional y personalmente hasta que decida quitarse la vida. Durante toda la novela la muerte  no deja de estar presente.

Otro ejemplo: uno de los personajes es secuestrado. En «El lado oscuro del adiós» Harry Bosch necesita encontrar con desesperación a uno de sus compañeros que ha sido secuestrado en los bajos de una casa. Si no lo encuentran a tiempo, su colega morirá por la falta de aire.

La muerte profesional

Mantener una digna carrera laboral a lo largo de una vida, ya sea como policía o investigador privado, no es sencillo. A veces basta una sonoro fracaso o una mala decisión para que la reputación o, lo que es peor, el despido se produzca.

Toda una vida laboral se puede echar a perder en cuestión de segundos.

O, por el contrario, un futuro prometedor se va al traste a causa de un fallo garrafal. Sin olvidar, las historias en las que un policía se redime de un pasado laboralmente oscuro esclareciendo un asesinato o un caso que nadie resuelve. Por ejemplo, las novelas de Massimo Carlotto. El protagonista es un ex preso condenado injustamente que ayuda a quien lo necesita.

Por eso resulta tan estimulante esta clase de muerte. Si el protagonista se juega su puesto de trabajo en el crimen que ha de resolver, la presión aumenta y, por lo tanto, también el interés del lector por lo que sucederá.

En los casos de Philip Marlowe, por ejemplo, sabemos que su reputación quedaré en el aire si no logra resolver lo que tiene entre manos. Que no importa si se trata de una anciana o un hombre rico, Philip Marlowe siempre llegará hasta el fondo de todo para que la verdad salga a la luz.

La muerte psicológica

En pocas palabras, morir por dentro. En la vida no conseguir nuestras grandes metas ocasiona una herida interior que puede ser permanente. En la ficción es inteligente usar este estado emocional para depositar sobre nuestros personajes más peso sobre sus hombros.

Y, en consecuencia, hacerlos más interesantes. No pensemos siempre en el protagonista, los secundarios también se benefician de esta técnica para darles profundidad.

Por ejemplo, en la novela negra de Marcelo Luján «Subsuelo», la protagonista, Eva, una adolescente, esconde un terrible secreto por el que es chantajeada sexualmente por su hermano. La perspectiva de sufrir el chantaje el resto de su vida —muerte psicológica—le obliga a actuar para revertir la situación.

En tu novela usa un tipo de las tres muertes como principal. Y añádale una segunda que incluso podrías convertir en una trama secundaria.

Tomando el ejemplo anterior, Eva podría verse inmersa en una trama laboral. Imagina que tiene un trabajo de verano que necesita para sacarse dinero para pagarse los estudios.

Su hermano también le puede exigir que robe el dinero de la caja, lo que añade una fuente más de conflicto a su desesperada situación. Si la atrapan será despedida y además llamarán a la policía.

Considera las tres muertes como los cimientos de tu historia. Juega con estos conceptos y pon obstáculos a tus personajes. ¡Es la mejor manera para enganchar a los lectores!

Más información en el recomendable manual “Conflict and suspense” de James Scott Bell. https://amzn.to/2DlfvNp

Galería de villanos: El genio del mal

Galería de villanos: El genio del mal

Las historias de ficción están llenas de un tipo fabuloso de villano: el genio malvado.

Es un malo mega inteligente que casi durante toda la historia va por delante del héroe de turno. Alrededor de sus crímenes construye un mundo simbólico y oscuro que solo él decide la manera de compartirlo.

Generalmente dosifican las pistas mientras se ríe a escondidas del horror y la confusión que generan sus acciones maquiavélicas.

Por ejemplo, Hannibal Lecter entra con honores en esta categoría. Este clase de villanos hacen de la maldad una obra de arte con engaños, despistes y mentiras de toda índole, pero que el fondo obedece a un patrón que ha diseñado para demostrar que no existe nadie más inteligente que él.

Su superioridad es el alimento que lo hace vibrar.

¿Qué mejor manera de demostrar su genialidad cometiendo crímenes sin que el detective obtenga una sola pista fiable? La fascinación por sentirse por encima de los demás es la clave de este arquetipo.

Puede que sus motivaciones se nutran de la venganza, la paranoia, el miedo e incluso un fallido romance, pero su esencia se basa en demostrar que la sociedad se equivoca y que él es el único dueño de la verdad.

Aunque un genio del mal aborda cualquier crimen con maestría, también existen los que están dotados para una especialidad. Por ejemplo, en la película «Speed» con Sandra Bullock y Keanu Reeves, el personaje protagonizado por Dennis Hopper es un experto en explosivos.

Y es que ser un militar o científico avezado es un buen recurso para adherirlo a las características del genio. Otro ejemplo: en la novela de Max Allan Collins, «Conociendo a Quarry», se presenta a un villano que teje un plan para que Quarry termine con sus huesos en la cárcel o… muerto.

Pero uno de los grandes genios del mal de la literatura es James Moriarty, el archienemigo de Sherlock Holmes y un cerebro formidable para las matemáticas. Conan Doyle dio con la clave para forjar un adversario a la altura del célebre detective: convertirlo en su reflejo.

Por lo tanto, Moriarty es como si Sherlock se mirara al espejo. Es más, las facciones del criminal son una versión exagerada del propio Sherlock. Por lo tanto, en tu próxima novela, recuerda tener presente que héroe y villano, sin importar la clase, se complementan.

De esta manera tu historia ganará en profundidad.

Traumas

Aunque no es obligatorio que el lector conozca el pasado del villano, sí es recomendable que el escritor tenga al menos alguna idea de cómo fue.

En el caso del genio del mal no te sorprenderá saber que de pequeño era el superdotado de la clase que no encuentra su lugar entre los demás compañeros. Ese rechazo le genera un aislamiento que será el caldo de cultivo donde forjará el impulso para convertirse en un gran criminal.

Otro pasado traumático podía ser el fallecimiento de un ser querido que le ocasiona un transtorno imposible de superar. Esa falta de amor se convierte en odio hacia los demás que sí poseen lo que él perdió, ya sea por su culpa o por la de otro.

¡Próximamente más villanos!