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Sí, te parecerá extraño. A la hora de elaborar un relato detectivesco el primer pensamiento se suele centrar en perfilar al protagonista, ya sea hombre o mujer. Buscamos su arco de transformación, su pasado y su carácter porque sabemos que será el referente de la historia que deseamos contar. Pero te propongo una alternativa.

Empieza a construir el argumento por el villano y te explico el porqué. Si lo piensas dos veces no es del todo descabellado. Seguro que estás de acuerdo conmigo: para que tu novela se alce sobre el resto, el villano debe ser memorable. Capaz de desafiar al protagonista hasta el límite. Mientras que la mayor parte de los maleantes en la vida real son más bien torpes, agresivos o temerarios, descuidar al antagonista en la ficción es un grave delito.

Te explico cómo empezar este enfoque: Las primeras preguntas que el escritor ha de tener en cuenta son: ¿por qué asesina? ¿qué subyace en cada una de sus acciones? ¿venganza, odio, locura, justicia, fama? ¿desea proteger a un familiar a un amigo? Sea como sea, el malo debe ofrecer un matiz que lo convierta especial a ojos del lector. Pero esto no es suficiente. Conviene que sea inteligente y, como es lógico, peligroso. Además, también es importante buscar su punto débil. ¿Cómo se hace? Muy fácil. Sigue leyendo.

LA BIOGRAFÍA

Escribe una biografía o un diario en primera persona con detalles cruciales que ayuden a entender la compleja personalidad del villano. Es probable que solo la punta del iceberg de su vida salga a relucir en la historia. Pero tu obligación como autor es conocer a fondo al personaje. Métete en su cabeza y obsérvalo todo con sus ojos. Lo que sigue también es importante. Un asesino en serie se convierte porque en su pasado ha habido acontecimientos que lo marcaron de por vida. En la infancia sufrieron abusos o abandono. Por eso al llegar la adolescencia se comportan de una manera poco usual para, más tarde en la madurez, empezar una etapa de ensayo y error. Posteriormente comenzará su etapa oficial perpetrando crímenes hasta el límite.

Por supuesto, esto se aplica también a las asesinas en serie. A modo de información te cuento lo que dos prominentes psicólogos forenses descubrieron después de analizar cientos de asesinas. Es sorprendente. Según el ensayo de Kelleher y Kelleher de 1998 se establecen siete categorías: viudas negras (muy metódicas cuyas víctimas son personas allegadas), ángeles de la muerte (enfermeras que matan a sus pacientes), la depredadora sexual (poco frecuente), la vengativa, la que busca ánimo de lucro, la demente y la que busca formar equipo con otra mujer en busca de crímenes brutales.

ELABORANDO AL VILLANO

Una vez que esboces al malo en su magnitud es la hora de encontrar al héroe, que acabará por derribarlo con un titánico esfuerzo. Piensa en dos piezas de puzzle que son diferentes, pero al mismo tiempo compatibles. Se tiende a pensar que el mal está asociado a los grandes asesinos en serie, pero en realidad el mal se esconde en nuestra realidad cotidiana. Es ahí donde un escritor ha de bucear primero para encontrar los cimientos con los que construir al villano. Con una base genuina seremos capaces de comprender sus acciones, por qué hace lo que hace, de lo que se beneficiará nuestro relato. Dicen que el mal revela la ausencia de un rasgo psicológico positivo, pero de cualquier manera nuestro deber es alojarnos en la mente del asesino. Como sugería más arriba, una herramienta interesante es escribir el diario del villano en primera persona. Más que la información en sí de lo que realiza cada día, nos interesa su modo de pensar, las palabras que usa y las que descarta, incluso si realiza dibujos o no, o incluye recortes de periódico o fotografías. Somos como actores intentando llegar a la verdad del personaje. Es probable que mucha de la información se quede sin usar, pero es un paso necesario para que sepamos descubrir que es lo único e interesante.

Lo repetiré una vez más. El mal reside en las cosas que nos rodean. Basta con echar un vistazo a las noticias. Por ejemplo, hace un tiempo leí que Google contrata a personas que se dedican a visionar multitud de horas de contenido escabroso: violaciones, decapitaciones, pornografía infantil… Es tan abrumador el peso de las imágenes que muchos deben recibir tratamiento. ¿No sería curioso un villano cuya maldad naciera de la enorme influencia de su trabajo? ¿Cómo sería el trato normal con su familia y amigos? Estoy convencido de que su mente le causaría descubrir maldad o perversión en su propio entorno, a modo de alucinaciones. Sigamos con otro ejemplo.

Las noticias son un recurso que nunca falla. Mientras escribo este post leo que un joven de veinte años ha sido detenido por lanzar al suelo a su hijo de dos años en un aeropuerto. Como ciudadano estoy indignando, pero como escritor debo preguntarme el por qué de ese gesto tan reprochable. Y, lo más importante, jugar con ello. ¿Le ocurrió algo en el vuelo? ¿De dónde surge esa violencia? Un camino trillado sería pensar que de pequeño lo maltrataban sus padres. ¿Y si lo asocio con la noticia anterior? ¿Y si este joven fuera el empleado de Google que ve alucinaciones? Aquí viene una herramienta poderosa de la ficción, el poder de identificarnos con el villano, pese a lo inmoral de sus acciones. No obstante, con ello conseguimos un personaje con más dimensiones y que resultará más fascinante de descubrir.

LAS DOS CARAS DE LA MONEDA

Una vez que disponemos del pasado del villano, lo idóneo es contraponerlo al héroe de la función. Imagina una inspectora de policía de fuerte carácter. Siempre acostumbrada a que le obedezcan, orgullosa, capaz de anteponer su trabajo a su vida personal. Por primera vez se encuentra con un criminal que al mismo tiempo que la desafía le reconoce rasgos comunes a los dos. El criminal ha cometido un asesinato y amenaza con seguir hasta que se canse. No solo eso, sino que además entra en su casa y le deja los vídeos. Allí descubre que es tan solitaria como él mismo.

Esto es tan solo un ejemplo de por dónde empezar el camino. Ahora es tu turno. ¡Te prometo que el estudio inicial será apasionante!

Si prefieres empezar desde otro punto de vista, estoy abierto al debate. Dispara tu opinión en los comentarios o calla para siempre…