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Estarás de acuerdo conmigo. Una novela negra sin pistas memorables es como una ensalada sin aliñar: sosa. Sin embargo, a veces resulta desafiante sembrar pistas cruciales delante de las narices del lector sin que este se percate. Es desafiante porque como escritores nos debemos a la honestidad de mostrar las «cartas». De lo contrario perderíamos lectores. Además, con justicia.

Si, por ejemplo, el detective encuentra un monedero en la escena del crimen, no es ético ocultar esa información si luego esa pista sirve para atrapar al asesino o asesina. Se genera una sorpresa pero que se diluye como un azucarillo porque la trampa sale a relucir y, como escritores, quedamos al descubierto.

El lector está cada vez más preparado en el arte de adivinar lo que sucederá a continuación. Por lo tanto, siguiendo con el ejemplo anterior, si el escritor menciona un monedero, el lector guardará este detalle en la memoria porque intuye que tendrá peso más adelante. ¿Cómo entonces sorprenderle? Te lo explico.

Aquí te ofrezco varias herramientas muy prácticas y que te ayudarán a salir del paso. Eso sí, no abuses de ellas.

1. CREA UNA DISTRACCIÓN

Si es necesario revelar una información crucial mediante un diálogo. O el detective se encuentra una mancha de carmín de labios en el vaso encontrado en la escena del crimen. O el sargento de turno encuentra un collar de perlas en la basura. Procura inmediatamente después crear una situación que provoque que al lector se le olvide lo que acaba de leer.

Por ejemplo, imagina que el detective encuentra un llavero con forma de pelota de golf en el dormitorio de la esposa difunta. Para el autor es de relevancia este hallazgo porque prueba la relación ilícita entre esos dos personajes. En ese momento, el detective recibe un balazo en la rodilla. O alguien de su entorno se desmaya creando un gran revuelo. Así el lector se olvida del collar aunque tú, escritor, informaste con honestidad del hallazgo.

Otro ejemplo más:

Plantar una pista en mitad de una conversación. Imagina que dos personajes hablan y que uno de ellos revela algo significativo sobre la coartada de un testigo. Justo en ese instante, un tercer personaje irrumpe con una necesidad apremiante.

El diálogo cambia de rumbo hacia esa nueva pista, que parece relevante (aunque luego no lo sea). El lector se ve arrastrado por esta nueva y súbita corriente que le causa una cierta amnesia. El escritor respira satisfecho porque obtiene una ventaja de la que luego sacará partido.

2. LA LISTA NUMEROSA

Esta es mi favorita. La usé en una novela que escribí con pseudónimo ambientada en Estados Unidos, «La noche estrellada». En ella, el detective registra el domicilio del villano en busca de una contraseña para acceder a un mapa. La contraseña permanece escondida dentro de un tablet. Y yo deseaba posponer el descubrimiento hasta el final de la escena para darle mayor impacto.

Pues bien, el detective registra el escritorio, abre el cajón y se encuentra con un buen número de objetos, entre ellos la tablet en cuestión. Describo con minuciosidad todo lo que encuentra y planto en el medio la tablet como un artículo más sin valor. Es imposible que el lector recuerde la lista de objetos, por lo que luego puedo construir la tensión y la sorpresa con mayor facilidad.

Existen multitud de variantes. Imagina que un coche sigue al protagonista, que también va en coche. Si describes varios vehículos que van pasando dentro de su campo de visión (el retrovisor), más tarde puedes colocar uno de esos coches estacionado frente a la casa del detective. Este sale por la ventana en vez de por la puerta principal porque ha reconocido el coche.

3. USA LA ACCIÓN

Deja caer una pista en medio de la acción. Cuando digo acción no me refiero a una escena violenta, sino a lo que sucede en el transcurso. Lo explicaré con un ejemplo.

Imagina que el detective acude a un local a interrogar a un sospechoso. Tú, como escritor, necesitas que en esa escena consiga una determinada pista, como una dirección. Puedes optar porque el sospechoso simplemente responda a las preguntas del detective. ¿Fácil, verdad? Pues no.

Sin embargo, si abusas de este modelo, es decir, si el protagonista siempre obtiene pistas útiles de idéntica manera —preguntando a alguien—, el lector se sentirá en un bucle. Sea como sea, al protagonista siempre le ha de costar esfuerzo lograr progresos, y estos han de ser de menor a mayor dificultad. Entonces te propongo una alternativa para este ejemplo.

Imagina que antes o después de interrogar el sospechoso consigue una pista que en ese momento carece de importancia. Por ejemplo, una tarjeta de visita de un club nocturno. Esta tarjeta alguien se la ha entregado en el bar por error. O la ha visto en la mano del sospechoso. O en su cartera. Esta acción se ha de describir de una forma sutil, como si fuera un relleno para que el lector apenes lo recuerde posteriormente.

En realidad, lo que recordará es que en esa escena el detective no logró nada provechoso del sospechoso. Pero no es así. Posteriormente, el detective se fija en la tarjeta de visita y acude al club de nocturno. Allí conseguirá una nueva pista más que le acerque a su objetivo.

 

En conclusión, sembrar pistas con disimulo es todo un arte que requiere práctica. En este artículo te he mostrado las más importantes o las más socorridas (aunque efectivas). Lo mejor es que no se oculta información, sino que se muestra sin tapujos. Si el lector se pregunta de dónde ha salido tal pista, siempre puede volver atrás y leer esa escena para comprobar que se había mencionado, pero no le había prestado la debida atención gracias a la pericia del escritor.

Si has usado alguna de ellas, ¡dispara tu opinión en los comentarios!