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¿Alguna vez has pensado en la estructura de la novela negra que estás escribiendo o que piensas en escribir?

Como vimos en el último artículo «Cómo planificar tu novela policíaca», la estructura es la espina dorsal del relato, la que vertebra y da coherencia al viaje del protagonista. Nos ayuda, además, a dosificar la información para que el hallazgo de pistas, cadáveres o giros inesperados se distribuya con armonía, sin amontonarse unos con otros.

En otras palabras, gracias a la estructura el lector asimila el contenido con objeto de darle coherencia.

Pero existe una estructura de la estructura. Es decir, el escritor cuenta con un apoyo extra para que la estructura se ramifique con solidez en los diferentes actos y los actos en capítulos y los capítulos en escenas.

Porque sucede que en nuestro afán por contar acontecimientos corremos el riesgo de que se nos vaya la mano, e incluyamos hilos narrativos que se alejan de la verdadera historia que queremos contar.

Esta herramienta algunos la llaman «tema» y Robert McKee, en su manual «Story», la llama idea controladora. ¿En qué consiste?

Se basa en formular una frase que contenga la esencia de la historia, el mensaje con el que el lector se queda al finalizar la novela y que da unidad y significado a todo lo que ha leído.

Al escritor le sirve para entre todo el magma narrativo, a veces abrumador, encontrar un faro con el que guiarse. Veamos unos ejemplos:

Dentro del género policíaco, como casi siempre se detiene al asesino o criminal, el tema o idea controladora es muy evidente. «La policía siempre detiene al villano» o «nadie puede salirse con la suya impunemente».

La clave es que la frase se asocie al clímax de la novela, en nuestro caso, amantes del género negro, con la detención del asesino.

Sin embargo, imagina que el asesino se escapa, por lo tanto la frase sería algo así como «a veces los criminales ganan a la policía». Ambas frases son opuestas y, por lo tanto, nos dan dos tipos de finales distintos; el primero, optimista; el segundo, pesimista.

Elementos de la idea controladora

Para que la idea controladora sea redonda necesita de algo más.

Hasta ahora hemos visto cómo usábamos un solo elemento para formular la frase: el valor. «La policía siempre detiene al villano» es un valor positivo. «A veces los criminales ganan a la policía» es un valor negativo. ¿Qué falta?

La causa.

En la estupenda novela de Benito Olmo, «La tragedia del girasol», el policía Bianquetti impone su fortaleza física y su instinto suicida hasta encarcelar a los villanos, pero no es un detective tipo Sherlock Holmes que se caracterice por su sagacidad a la hora de hilvanar pistas indescifrables.

Por lo tanto, la idea controladora sería algo así como «La policía siempre detiene al villano porque el protagonista es más temerario que los criminales». Como dice Robert McKee, «La idea controladora es la forma más pura de significado narrativo, del cómo y porqué del cambio, la visión de la vida que los espectadores convierten en parte de sus vidas».

En la famosa novela «El secuestro de Miss Blandish» de James Hadley Chase, una pandilla de criminales rapta a la hija de un millonario a la que drogan para abusar de ella. Un detective violento sacude paliza tras paliza a los sospechosos hasta hallar el paradero de la chica.

La idea controladora sería «Para que la justicia triunfe se necesita romper la ley». Cada escritor ofrece el punto de vista que tiene sobre el funcionamiento del mundo: nihilista, irónico, negativo, positivo, etc.

¿De dónde emerge la idea controladora?

La respuesta es sencilla: de cualquier parte del proceso creativo de la escritura.

A mí me ocurre cuando tengo la primera sinopsis, es ahí cuando a partir del clímax voy «hacia atrás» creando una idea que engloba a toda la historia y que sea consecuente con el final.

No se trata de lograr la idea que yo quiera, si no la que la historia transmita estudiando los acontecimientos del relato.

Recuerda que:

  • Si te apoyas en esta herramienta dispondrás de una clara referencia que te servirá para eliminar tramas irrelevantes que se alejan de lo que quieres contar.
  • Recuerda que la idea controladora puede cambiar a lo largo del proceso de escritura.